martes, 12 de junio de 2012

Ukemi: ¿Podemos aceptar nuestras caídas?



El término Ukemi es designado en las artes marciales japonesas para definir o dar nombre al conjunto de técnicas diferentes de caer con seguridad y sin lastimarse, ya sea en un combate, después de una llave, un lanzamiento, defensa o ataque, palancas y otros.
Dichas técnicas deben ser dominadas por los practicantes del arte marcial para cuidar su integridad física, previniendo de esta manera las lesiones que puedan sufrirse. Así, se realizan caídas hacia delante, hacia atrás, a los lados, en giro, etc.

Más profundamente el concepto del Ukemi, sin embargo, debe ser mejor comprendido. Consideremos entonces lo siguiente:
  1. El Uke o persona que es lanzada durante las prácticas debe confiar plenamente en quien lo lanza y  sostiene al mismo tiempo.
  2. La persona que cae debe romper, es decir amortiguar el impacto que va a recibir el cuerpo en la caída; a través de golpear con sus manos el piso (tatami) antes de que el cuerpo haga contacto con la superficie.
  3. Relajarse, una vez que somos lanzados o proyectados, es sumamente importante; de lo contrario el impacto de la caída al haber tensión es riesgoso y puede provocar una lesión grave: caer tenso es como caer en pavimento desde un medio o un segundo piso.



Nuestra vida se parece mucho al Ukemi: caemos cuando menos lo esperamos, he aquí unos ejemplos: dudas por falta de fe, desesperanza, desamor, depresión, gula, pereza, envidia, cólera, mala intención, etc. Y nuestra mente empieza, entonces, a tener ideas preconcebidas cuando juzgamos a las personas de primera entrada. Señalamos sus defectos; o bien, nos sentimos defraudados internamente con nosotros mismos. Caer entonces, se asemeja a pecar, pero más precisamente caer es alejarse de Dios por cuenta propia: es una decisión de exilio personal.

Cuando caemos entonces, debido a que no estamos preparados, recibimos un fuerte impacto en nuestro corazón: porque pensamos que se rompió el lazo, que ya Dios no nos acepta o nos señala y seguimos llenando nuestra mente de basura; y nos decimos: yo no merezco nada porque soy malo, o Dios no me perdona, o reciben bendición solo los perfectos, o Dios no puede usarme porque no tengo dones ni habilidades…Y así nos intoxicamos y nos envenenamos con nuestros pensamientos.

¿Crees que has caído, que no eres perfecto y que Dios no puede ayudarte, crees que solo a vos te ha pasado?  Bueno pues, si lees la Biblia te vas a dar cuenta que Noé se emborrachaba; Abraham era muy viejo; Jacob era mentiroso; Leah era fea; Moisés era tartamudo; Gedeón era miedoso; Sansón mujeriego; Job estaba en bancarrota; el rey David era adúltero y asesino; Pedro negó a Cristo y los discípulos abandonaron a su maestro, y así otros casos te contará. Y si crees que yo soy perfecto…pensalo otra vez.  Y aún con todos los defectos, errores y caídas, el Señor nos salvó y ayudó y nos levantó a todos.
Entonces ¿que estás esperando? Si caíste o pecaste pedile rápido perdón a Dios, invitá a Jesús a tu corazón para que viva en vos y enmendá tus errores.

Ser cristiano no te asegura que no vas a caer, pero te asegura que tenemos abogado ante Dios y un Dios que nos levanta, nos limpia y nos ayuda a que enmendemos nuestros errores. Nos hace crecer y nos lleva al éxito. Dice el apóstol San Pablo en Romanos 8:28
“Todo ayuda a bien a los que aman a Dios, esto es a los que conforme a su propósito son llamados”
Primero hay que buscar a Dios (tenemos la puerta abierta del Lugar Santísimo a través de Jesús), luego todo va a ir mejorando en tu vida poco a poco.
Un buen padre ayuda a su hijo cuando se acerca o cuando le busca. Y cuando está empezando a caminar le da la mano. Aunque el niño piense que está solo, su padre siempre está con él, cuidando sus pasos. Así, aunque no lo veás ni lo sintás Dios está con vos, esperándote; solo buscalo, hablale, extendé tus manos para que él pueda tomarlas y te sostenga, y empezá a caminar de su mano y con su guía.


En Isaías 41:10 leemos “No temas porque yo estoy contigo, no te angusties porque yo soy tu Dios: te fortaleceré y te ayudaré: te sostendré con Mi diestra victoriosa”.
Esa es una promesa de Dios, así que si caíste no te culpés. Ya no tratés de levantarte con tus propias fuerzas o con tu propia sabiduría: a través de Jesús ya fuiste perdonado, lo que pasó pasó, lo importante es levantarse con la ayuda de Dios quien nos fortalece. Él solo está esperando a que le busqués para ayudarte y bendecirte.

No te tardés en buscarle.

El Señor te bendiga

Un abrazo

Luis Gustavo Ramírez M.
Renshi 錬士- Aikido Fuku Shidoin
Zen Nihon Sogo Budo Renmei
(All Japan Budo Federation)
Nippon Seibukan Dojo
Cartago, Costa Rica
senseiluisgustavo@hotmail.com





jueves, 7 de junio de 2012

Tensión emocional, desbalance: Kumi Kata

por Luis Gustavo Ramírez


Kumi Kata: el arte de sujetar al oponente


 En el arte marcial japonés   existe un acto de sujetar la ropa del adversario para luego ejecutar una técnica de desbalance, proyección o inmovilización. Este acto es llamado  Kumi Kata. El secreto de la técnica está en que el que sujeta no endurezca sus brazos pues al hacerlo su postura se torna inestable, y  anuncia “telegráficamente” la técnica que realizará  por lo que el adversario puede revertirla y hacerla fracasar.  Este fallo de tensar las manos o los brazos se da por temor, ansiedad, inseguridad o estrés. Es un problema del ego, del “YO” interior.

Así en nuestra vida determinar ser, tener o hacer es enfocarse sin duda en el centro del yo, es, por así decirlo; dejar todo lo de valor para satisfacer el ego a través de esfuerzos diarios que sumergen alma, mente y cuerpo.

En orden de prioridad el ser humano se enfoca primeramente en satisfacer su ego (ser) para sentirse realizado o completo. Comenzando por ahí y cuando no logra que los ojos que lo rodean se inclinen hacia él,  inicia entonces su camino hacia el hacer, es en este momento cuando decide prepararse para ampliar su conocimiento y así  enriquecer su mente y lograr salir de la masa:  distinguirse, o bien sentirse preparado para los retos  que  anteceden al éxito esperado.

Si no se siente totalmente aceptado con la etapa del hacer entonces da un paso más allá; o quizá podríamos decir que”sube” un escalón decidiendo iniciar su afán de posesión (el tener).

Ejemplo de desbalance en un combate


El tener o poseer busca  que los ojos de la sociedad, el estrato de esta  o los de las personas que le interesa atraer puedan volverse a este ser humano. Aquí se inicia  la materialización de un medio - sea automóvil,  transporte, casa más lujosa, última tecnología, viajes o accesorios-  que lo destaque para llegar al fin:  sentirse  valorado  ante la sociedad o el mundo que lo rodea.

Estos tres estadios de ser, hacer y tener pueden llevar al individuo; si no hay una adecuada sabiduría y madurez,  a  afanarse por conseguir lo que se quiere.  Esta ansia al fin y al cabo de poder,  lo convierte en un ser inferior al propósito por el que fue creado; debido a que el afán afecta su paz interior  pues su pensamiento se enfoca en lograr, a como dé lugar, lo que se ha propuesto.

El medio ambiente pone la semilla, sin embargo el corazón es el que decide envenenarse con todos estos estímulos nocivos y darle el crecimiento: si no se es, no se tiene o no se hace tal o cual cosa la misma sociedad se encarga de aislar al individuo.

Es así como diariamente vemos publicidad por todos los medios de: estar en forma (prácticamente adelgazar), cambie su vehículo, amplié o compre casa, invierta en valores, adquiera el último grito de la moda, asista a actividades o conciertos y pertenezca al Jet Set; sin contar los innumerables anuncios subliminales que “empujan” al precipio de decidirse ser, hacer u obtener algo de la forma menos adecuada.  En pocas palabras: la sociedad altamente consumista nos empuja a estar al nivel de otros con un estatus muchas veces superior al nuestro.

La  tensión hace que no podamos ver una alternativa correcta

Debido a que los medios económicos no son a veces suficientes; el ser humano se endeuda para estar dentro del nivel o estrato en que quiere desenvolverse y así tener la aceptación del mundo; se venden así, por poco precio,  la paz, tranquilidad e identidad. Todo esto  trae consigo lo que se explica como endeudamiento, los trastornos digestivos, la tensión emocional, el insomnio, el cansancio crónico y enfermedades,  alteraciones hormonales, la bulimia, anorexia, esquizofrenia, anemia, y otro tanto de padecimientos, que no necesariamente vienen por contacto físico o sexual.

Perdiendo el enfoque y enfrascados en problemas por nuestro afán,  al último que recurrimos, si es que lo hacemos,  es a Dios, se nos pasan las 24 horas y no buscamos un momento para encerrarnos en nuestra habitación y pedir Su guía y Su ayuda, vemos el mundo visible pero no la mano poderosa que nos dió la vida y que nos acompaña y así, sin él  queremos salir victoriosos.

Así como nuestros hijos pequeños nos piden ayuda  cuando tienen un problema más grande que ellos, así Dios es mayor que todos nuestros problemas. El asunto es que hasta que estamos en el fondo del fango y hundiéndonos en arenas movedizas pedimos ayuda, sin embargo aunque para nosotros es ya demasiado tarde;  para Dios si hay  solución; para él nunca es tarde.  En su palabra podemos confiar porque es  vigente, efectiva, santa y poderosa.

La Biblia  dice: No temas porque yo estoy contigo, no te angusties porque yo soy tu Dios; te fortaleceré y te ayudaré. Te sostendré con mi diestra victoriosa (Isaías 41:10).

El Señor Jesús dijo: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)

Entonces mi amigo, mi amiga qué esperas para buscarlo y llamarlo a tu vida; si recibes a Cristo como Señor y Salvador  tu vida cambiará para bien. El toca a la puerta de tu corazón: la decisión de abrirle es tuya.

 El es Poderoso para levantarte.



Dios te bendiga.